Chiper y la lección más difícil de Carolina García: La resiliencia no es aguantar. Es decidir cómo seguir


Carolina García no planeaba ser emprendedora. No era la persona que vendía cosas en el colegio ni la que soñaba con fundar una empresa desde pequeña. De hecho, llegó al emprendimiento por accidente.
Mientras trabajaba en consultoría tuvo la oportunidad de conocer de cerca el canal tradicional en Colombia: las tiendas de barrio que siguen siendo el principal punto de abastecimiento para millones de personas en Latinoamérica. Algo de ese mundo la atrapó.
No solo por el tamaño de la oportunidad, sino por el impacto que podía generar en quienes estaban detrás del mostrador. Su primer emprendimiento buscó convertir a las tiendas en un hub financiero para la base de la pirámide.
Años después, tras estudiar en MIT y acumular más experiencia construyendo empresas, volvió al mismo problema desde otro ángulo. Así nació Chiper.
Lo que empezó como una plataforma para ayudar a las tiendas a abastecerse mejor terminó evolucionando hacia una empresa que hoy ayuda a fabricantes, distribuidores y mayoristas a operar de forma más eficiente utilizando inteligencia artificial.
Pero la empresa que existe hoy es muy distinta a la que imaginó en un inicio.
En el camino, Carolina descubrió algo que resume gran parte de su experiencia como fundadora: Emprender no es construir una empresa. Es gestionar la incertidumbre.
Y quizás esa idea explica mejor que cualquier otra cómo ha evolucionado Chiper durante los últimos años.
¿Qué te llevó a emprender?
Nunca tuve un plan de vida que dijera “voy a ser emprendedora”. Llegué al emprendimiento después de salir de la universidad, mientras trabajaba en una consultora donde tuve la oportunidad de conocer muy de cerca las tiendas de barrio en Colombia.
Me parecieron un actor económico fascinante. Son negocios pequeños, pero tienen un impacto enorme en las comunidades donde operan. Ahí fue donde empezó mi interés por construir soluciones para ellas.
Mi primer emprendimiento buscaba convertir a las tiendas en un hub financiero para la base de la pirámide. Y aunque la empresa evolucionó con el tiempo, esa obsesión por entender al tendero y ayudarlo a operar mejor sigue siendo algo que me acompaña hasta hoy.
Chiper comenzó ayudando directamente a las tiendas. ¿Cómo llegaron a convertirse en una plataforma para fabricantes y distribuidores?
Al principio nos enfocamos completamente en resolver problemas del tendero. Construimos una plataforma donde podían comprar inventario cuando quisieran, recibirlo rápidamente y acceder a mejores precios y portafolios.
Pero para que eso funcionara tuvimos que construir toda la infraestructura detrás: inventarios, bodegas, logística, precios y distribución. Y en el proceso descubrimos algo interesante. Nosotros no éramos los únicos con ese problema.
Fabricantes, distribuidores y mayoristas enfrentaban exactamente los mismos desafíos tecnológicos para llegar a las tiendas. Entonces empezamos a preguntarnos si nuestra tecnología podía servirles también a ellos.
La respuesta fue sí. Y eventualmente entendimos que ahí existía una oportunidad mucho más grande: ayudar a quienes ya tienen la relación con miles de tiendas a operar mejor, vender más y tomar mejores decisiones. Ese fue el origen del pivot.
¿Quién es hoy el cliente ideal de Chiper?
Hoy trabajamos principalmente con distribuidores, mayoristas y fabricantes que venden al canal tradicional. Son empresas que manejan portafolios amplios, cientos de SKUs y equipos comerciales que visitan tiendas de manera recurrente.
Aunque cada mercado tiene sus particularidades, las necesidades suelen ser muy parecidas. Todos buscan vender de forma más eficiente, desarrollar canales digitales, entender mejor a sus clientes y optimizar procesos operativos.
Lo que cambia entre países es la estructura del mercado. Por ejemplo, en México existe una presencia mucho más fuerte de mayoristas, mientras que en Colombia predominan los distribuidores. Pero los problemas que intentan resolver son bastante similares.
Has hablado públicamente sobre los aprendizajes derivados de etapas difíciles. ¿Cuál fue la lección más costosa que te dejó Chiper?
Durante mucho tiempo confundí resiliencia con aguantar. En el mundo startup se habla mucho de no rendirse, de seguir adelante, de empujar más fuerte cuando las cosas se ponen difíciles.
Y creo que durante años interpreté la resiliencia de esa manera. Con el tiempo entendí que hay momentos donde el problema no es de ejecución. Es de dirección. Y cuanto más crece una empresa, más difícil se vuelve cuestionar las decisiones que te trajeron hasta ahí.
Mirando hacia atrás, creo que el error más costoso fue no tener algunas conversaciones difíciles cuando debimos tenerlas. Conversaciones sobre expansión, estrategia, prioridades o incentivos.
Las terminamos teniendo eventualmente, pero después de haber invertido mucho más tiempo, dinero y energía de la necesaria. Hoy creo que una de las responsabilidades más importantes de un fundador es justamente atreverse a cuestionar las decisiones difíciles antes de que sea demasiado tarde.
¿Qué cambió en tu forma de ver el emprendimiento después de Chiper?
Al principio pensaba que emprender era únicamente construir. Con el tiempo entendí que emprender es gestionar incertidumbre. Antes creía que si trabajabas más duro, ejecutabas mejor y tomabas buenas decisiones, los resultados eventualmente llegarían.
Pero después te enfrentas a cosas que simplemente no controlas. La pandemia fue un ejemplo muy claro para nosotros. También están los ciclos de inversión, los cambios de mercado o decisiones externas que afectan completamente el contexto en el que operas.
Eso me enseñó que emprender no se trata solamente de controlar el resultado. Se trata de tomar las mejores decisiones posibles con información incompleta. Y luego volver a hacerlo una y otra vez.
¿Qué sigue para Chiper este año?
Nuestro foco está en profundizar el uso de inteligencia artificial dentro de todos los módulos de la plataforma. Hoy ayudamos a nuestros clientes a gestionar e-commerce, ventas, inventarios, bodegas y distintas operaciones comerciales.
Lo que queremos ahora es que la inteligencia artificial no solo muestre información, sino que ayude activamente a tomar decisiones. La visión es que los usuarios no tengan que invertir tiempo construyendo reportes o analizando dashboards. Queremos que el producto sea capaz de interpretar esa información y entregar recomendaciones accionables para mejorar continuamente los resultados del negocio.
¿Hay algo que aprendiste fuera del trabajo que hoy te sirve como emprendedora?
Algo que aprendí fuera del trabajo fue la importancia de la empatía. Cuando estás construyendo una empresa es muy fácil obsesionarte con resultados, métricas y objetivos. Y a veces se te olvida que detrás de todo eso hay personas.
Esa perspectiva la desarrollé principalmente en comunidades de mujeres y espacios fuera del trabajo. Ahí entendí que no solo importa llegar a un objetivo, sino también la forma en que llegas.
Hoy intento aplicar eso, no solo dentro de Chiper, sino de otro tipo de iniciativas en las que trabajo. Porque al final construimos empresas para impactar a las personas. Y muchas veces lo que permanece no son los resultados, sino cómo hicimos sentir a quienes trabajaron con nosotros.
Cuando resiliencia deja de significar aguantar
La historia de Chiper comenzó ayudando a tiendas de barrio.
Lo que empezó como una plataforma para que los tenderos pudieran abastecerse mejor terminó evolucionando hacia una empresa que hoy ayuda a fabricantes, distribuidores y mayoristas a operar de forma más eficiente utilizando inteligencia artificial.
Pero después de todos los pivots, expansiones y cambios de estrategia, hay algo que sigue siendo igual: la obsesión de Carolina por entender cómo funciona el canal tradicional y cómo la tecnología puede ayudar a quienes lo hacen posible.
Quizás por eso la lección más valiosa que deja esta conversación no tiene que ver con inteligencia artificial, distribución o tecnología. Tiene que ver con algo mucho más difícil.
Durante años, el ecosistema emprendedor celebró la idea de seguir adelante a cualquier costo. Trabajar más. Resistir más. Aguantar más. Pero construir una empresa también implica cuestionar decisiones, cambiar de dirección y aceptar cuando una estrategia ya no está funcionando.
Y a veces, la diferencia entre una buena decisión y una mala no está en cuánto esfuerzo le dedicas, sino en qué tan dispuesto estás a tener la conversación difícil que llevas demasiado tiempo evitando.
Porque la resiliencia no siempre consiste en seguir empujando. A veces consiste en detenerse, replantear el camino y tomar una decisión distinta antes de que sea demasiado tarde.
Entrevista realizada por:
Eduardo Hernández, Head de Startup Avenue en Volcano Summit y Partner en Leapstart, donde impulsa el crecimiento de startups y el desarrollo del ecosistema emprendedor. Ex-emprendedor del sector asegurador, ha participado activamente en iniciativas como Startup Weekend, Emprendedores Anónimos, Hackers/Founders y Magma Partners.
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